Temblando

A los habitantes de la CDMX, esta semana nos dejó, literalmente, temblando.

Una vez más, el evento que desde hace 37 años generó un trauma colectivo en la sociedad capitalina, se repitió. Si, ya sé que no es el único lugar en el que existen afectaciones. Si, también estoy consciente de que en los lugares en los que se generan los epicentros, las consecuencias son más inmediatas, sin embargo, no creo que sean mayores.

Y antes de que empiecen a ofenderse, me explico:

Nos agrade o no, creamos que sea funcional o no, la ciudad de México es LA ciudad más importante, grande y poblada de nuestro país. Sigue siendo el centro de la mayor parte de la actividad económica, es sede de los Poderes de la Unión y para acabar pronto, es LA CIUDAD CAPITAL, aquella que se cayó a pedazos (literalmente) no en una, sino dos ocasiones, la que implementó un sistema de alerta para contener los efectos de los sismos y la que una y otra vez, será referente cada que la tierra tenga a bien (o mal) acomodarse.

La razón es básica: al tener la población e infraestructura más grandes del país, las personas y edificios afectados son simplemente mayores que en cualquier otro lugar.

Además, hace mucho que los sismos son parte de una micro histeria colectiva de quienes nacimos y seguimos viviendo en esta ciudad a pesar de 2 terremotos y varios temblores importantes.

Si, es cierto que los epicentros sufren daños evidentes, pero no hay forma de comparar una pequeña ciudad en provincia con la Ciudad Capital, acá no sólo tiembla, tiembla y algunas actividades se suspenden por las revisiones que realiza Protección Civil, tiembla y se va la luz en varias colonias a la vez, lo que genera que el de por si caótico tráfico, se convierta en un verdadero viacrucis...tiembla y puedes estar sin agua (como en 2017) por varios días.

En esta ciudad, cuando tiembla, hasta olvidamos que somos una sociedad separada por ideologías, creencias y estatus económico, por algunos días, incluso semanas, jugamos a ser empáticos, solidarios...heroicos inclusive y los que no nos conocen, nos creen, nos halaban, se crea la noción ingenua de que ante la desgracia colectiva, nos transformamos en un solo cuerpo, una sola mente, un solo espíritu de supervivencia...y todos los foráneos y extranjeros, nos creen.

Después, pasado un mes, tal vez dos, volvemos a ser la misma sociedad culera, apática, revanchista, ojete y sin educación...pero mientras existe el halo de tragedia después de un temblor, somos todo eso que realmente no somos, pero que fingimos ser para lidiar con el trauma que colectivamente compartimos: la absoluta indefensión ante la fuerza de la naturaleza...por eso, y sólo por eso, los sismos en Ciudad de México, siempre serán más impactantes, más trascendentales, .más importantes que en cualquier ciudad en la que se genere el movimiento y ningún habitante de provincia, podrá cambiar eso...NUNCA.

El hastío

De vez en cuando, el abrumador hastío que me produce la humanidad es difícil de ocultar, podría culpar al ataque hormonal mensual, al estrés contenido por el día a día o a mi patológica intolerancia…pero no, la realidad es que con el paso de los años, mi hastío y aversión hacia la raza humana se ha ido incrementando.

Me harta ver su constante estupidez, en lo macro, votando por un ser acomplejado que los logró manipular, en lo micro, deteniéndose en segunda fila por sus huevos.

Me harta verlos cruzar la calle por debajo de un puente, no usar las direccionales cuando manejan, gritar cuando hablan por teléfono en público, no respetar las filas, no usar los lugares de estacionamiento que les corresponden, no respetar el límite de velocidad. No entender una simple regla como “uno y uno” o “ceda el paso”

Me harta verlos reproducirse sin tener siquiera los medios necesarios para cubrir sus necesidades (ya no se diga las de otro) no tener disciplina con esos pequeños engendros que produjeron y que son educados a base de iPads y una enfermiza tolerancia hacia su infantil desobediencia.

Me harta que contesten preguntas que nadie les hace sólo para sentir que sus opiniones cuentan de algo, que se crean más importantes que un árbol, una abeja o el agua.

Me harta también ver que todo destruyen, todo consumen, nada cuidan, nada crean, todo juzgan desde su minúsculo universo y pensamiento, como si en lo particular ustedes fueran algo especial y no una micro parte del universo.

Me harta hasta el odio absoluto ver que se matan unos a otros por algo tan mezquino como el dinero o la sesgada visión que tienen de poder.

Los odio cuando matan animales (y lo disfrutan) si, ustedes que gozan de la distorsionada idea que han creado a través de la “fiesta taurina” son solo psicópatas en potencia…nada más cercano a la esencia del mal, que disfrutar del dolor ajeno.

Me harta su existencia cuando no le veo fin, cuando consumen todo a su alrededor con tal de conseguir perpetuar su estadía en este plano como si no supieran que son la plaga más abundante y peligrosa que ha caminado en esta versión de tierra.

Pero sobre todo, los últimos años, lo que más me harta es saber que no puedo destruirlos…y no por falta de capacidad o por alguna restricción moral, sino porque si lo hiciera…sería igual a ustedes.

Cuando el duelo ya no duele

No, no estoy negando nada...y si, aunque pareciera una doble negación, el sentido de mi planteamiento no busca negar una realidad, sino señalar su cambio.

Conforme pasan los años he aceptado que me falta mucho por aprender pero dentro de lo poco que he aprendido últimamente es que el duelo, sobre la circunstancia que sea (familiar, laboral, sentimental) deja de sentirse como un dolor insufrible y agotador.

Si a ustedes no les pasó en su juventud o en algún momento crítico de su vida, que ante una pérdida de alguna amistad, trabajo o relación amorosa, sentían que era el fin de su existencia y del mundo como lo conocían...ustedes no han vivido (#okno)

En lo particular, yo sufría los duelos de una forma brutal...mi personalidad extremista, pasional y muchas veces desbordada se traduce en sentir mucho, mucho y eso aplica para los sentimiento bonitos, los malos y los complacientes, por tanto, las rupturas, las pérdidas, eran para mí, un verdadero calvario, similar a ese que cuenta la leyenda, tuvo que sufrir cierto "hombre" mágico que paseó (o eso dicen) por este plano hace más de 2 mil años.

Decir que cada paso del duelo era para mí, similar a los latigazos que aquel personaje recibió durante su famoso calvario, es sin ánimo de exagerar, un verdadero eufemismo.

Afortunadamente a través de los distintos maestros que he ido encontrando (y buscando) he podido acomodar en proporción y congruencia, los diversos finales (que nunca se terminan) en mi vida.

Si, claro que sigo sintiendo tristeza al perder una oportunidad o una relación, pero ahora no me consume más de lo que es congruente, del tiempo que me funciona para aceptar que todo (irremediablemente) termina y que al día siguiente, algo nuevo, distinto, mejor, empezará.

No me arrepiento de todas esas noches en que sentía morir, llorando a mares por una pérdida, a final de cuentas, fueron experiencias que me ayudaron a conocer mis extremos y con ellos, a atender mejor una parte de mí.

Sin embargo, ahora me parece innecesario sentir que me muero sin morir, llorar por más de un par de horas (o de días si lo amerita) ya no me funciona entrar a la danza de la flagelación, los por qués que nunca tendrán respuestas que me agraden, es muy simple, las cosas que no pasan no eran para mí, la gente que se va, toma la decisión de irse y eso, nada tiene que ver conmigo, nada dice de mí y desde ese lugar, desde esa claridad, los duelos, ya no duelen...sólo enseñan.



Sin miedo a no regresar

Cada vez que salgo de viaje (por la razón o el medio que sea) pienso en lo que pasaría si fuera (otra vez) mi último día en este plano.

¿Dejé todo en orden?
No me refiero a si mi cama quedó hecha, los trastes lavados o las toallas tendidas, me refiero a si dije todo lo que quería decir e hice todo lo que quería hacer…hasta hace algunos años, sabía que no tenía mis asuntos en orden…ahora es distinto.

Cuento con la absoluta tranquilidad de que si hoy no regreso a casa, todo está en orden, en particular, porque la gente que amo, sabe que la amo, que son importantes en mi vida y que su presencia la hizo mejor.

Esta convicción ha quitado por completo el miedo a dejar este plano y aunque lamentaría profundamente el dolor que causaría mi ausencia a quienes me aman, también sé que con el tiempo, estarían bien y saber que yo seré un espíritu en paz, es simplemente liberador.

Vivir sin miedo a morir, a no regresar es la forma más plena que he encontrado para disfrutar profundamente, cada día que sigo aquí.

Ustedes ¿tienen todo en orden en caso de que no regresen? 

Volverse loca

Hay un momento cuando estás con alguien (en una relación o intento de) que es simplemente mágico, sientes la irracional "necesidad" de estar con esa persona el mayor tiempo posible, ninguna actividad te parece desagradable mientras sea en su compañía y el hecho de pasar tiempo separados genera cierta incomodidad, que no es necesariamente algo desagradable.

A este estado de inconsistentes sensaciones, yo le llamo "volverse loca". Y es tan bonito volverse loca por alguien y con alguien...es de las mejores sensaciones que existen en este plano y sin embargo es también, una de las más efímeras.

Porque si, esa avalancha de sensaciones generadas por la química entre dos personas es por decir lo menos, adictiva, envolvente pero también pasa muy rápido cuando no se acompaña de la construcción de una relación clara, realista, congruente.

Los cuentos de hadas por ejemplo, terminan justo en el momento de "volverse loca" y no creo que sea coincidencia que toda la literatura dirigida a perpetuar estereotipos poco funcionales de las mujeres haya escogido cortar la historia antes del (irremediable) golpe de realidad.

Por supuesto que es maravilloso pasar horas incontables en compañía de la persona que nos gusta, los sabores y colores son mejores sólo por la presencia de alguien que para nosotros es especial, pero nada de eso se sostiene cuando la realidad y sus complicaciones hacen acto de presencia en forma de un día pesado en el trabajo, del mal humor que esto puede generar o la falta de costumbre en compartir el espacio personal.

Seamos honestos, al principio todo parece maravilloso porque las sustancias generadas por nuestro cuerpo se encargan de mostrarnos sólo la parte bonita del otro y sobre todo, de nosotros cuando estamos con esa persona, sin embargo, la realidad sólo puede ser maravillosa, clara, amable, funcional, si nosotros lo somos, si sabemos qué queremos de una relación, que no nos funciona y sobre todo, qué estamos dispuestos a compartir, a ceder, a negociar para encontrar un punto de equilibrio en el que ambas partes de la ecuación (relación) encuentren satisfechas sus pretensiones.

Llegar a esta conclusión me tomó 27 años de muy buenas, buenas, malas y pésimas relaciones/decisiones así como 4 años de terapia que se dicen fácil pero no lo ha sido...lo  verdaderamente fácil es encontrar la magia en el momento en que a pesar de todas las malas experiencias, todavía encuentras voluntad, ganas, ímpetu para "volverte loca" por y con alguien...que al final, si hay consecuencias desagradables, ya sabes que no te mueres por ellas...ni por nadie.


A través de los años

Hay historias que no tienen finales definitivos, parece que terminan pero el paso del tiempo logra que continúen y siempre tienen el mismo común denominador: son historias de amor.

Probablemente no todas sean del amor romántico o sexo-afectivo pero esas que tienen finales que se difuminan para dar pie a distintos comienzos, siempre llevan alguna forma de amor…y es que al ser la mayor forma de energía ¿cómo podríamos categorizar o encuadrar al amor? por supuesto que lo hemos intentado y a mi parecer, sólo logramos limitarnos y frustrarnos cuando nuestros vínculos afectivos no corresponden a los clichés sociales.

Si dejamos de esperar un cuento de hadas, tendremos la posibilidad de vivir historias reales, diversas y enriquecedoras con personas que cambian, evolucionan a través del tiempo.
Nada como encontrar en una misma persona distintas facetas, creencias, perspectivas, gustos y sobretodo, aprender de ello, conocer el mundo a través de los ojos de alguien querido es sin duda, la mejor forma de compartir, de conocer al otro.

Tal vez no siempre encontremos la coincidencia exacta con las personas que forman parte de nuestro contexto afectivo, pero establecer distintas formas de vinculación, de cercanía emocional, también nos dice mucho de nuestra propia capacidad afectiva, de la libertad con la que la ejercemos y sobre todo, del respeto que mostramos a cada una de las formas de amor que vamos construyendo a través de los años.

Algo tiene la lluvia

En una ciudad como cdmx puedes amar y odiar la lluvia…en tiempos de calor, nada mejor para refrescar la olla express en que se convierte esta ciudad que una buena tormenta, sin embargo, al estar tan sobrepoblada y mal estructurada, las inundaciones son toda una complicación para transitar por la ciudad…el transporte público en particular se desquicia, los accidentes aumentan (no saben manejar con lluvia, mucho menos con ella…y al final, termina siendo un sentimiento agridulce…como casi todos los que te puede provocar una ciudad tan caótica como Cdmx.

A pesar de esto, algo tiene la lluvia que calma pasiones (de las violentas) y acentúa otras (de las carnales) pues todos sabemos que casi cualquier contacto con otra persona es particularmente especial si se dan con lluvia…o debajo de ella.

No es gratuito que las escenas románticas de las películas busquen este contexto, ya sea para brutales despedidas o icónicas declaraciones de amor, la lluvia es siempre, el elemento por excelencia…a veces también, ayuda a despejar la contaminación en la ciudad, en los cuerpos y si pones bastante atención, hasta en la mente.

La nociva ironía

Con el día de las madres tan recientemente celebrado, he tenido mucho tiempo para meditar sobre lo profundamente irónica que es esa celebración en un país (tal vez en otros también) en el que existe un arraigado machismo que además, en la mayoría de las familias, ha sido perpetuado nada más y nada menos, que por las madres y/o mujeres.

A pesar de que para las más jóvenes generaciones pudiera parecer que vivimos en una sociedad (casi) igualitaria, en la que ya no se juzga que la mujer trabaje (ahora, incluso, se critica si no lo hacen) y que le brinda oportunidades de desarrollo económico, lo cierto es que seguimos bajo estándares diferenciados.

El ejercicio de la sexualidad no está ni cerca de ser igual respecto a los varones, si una mujer es abierta pero sobre todo, libre en el tema, sigue siendo igualmente estigmatizada, las palabras como puta, zorra, promiscua, etc, son utilizadas igual que hace 100 años. La maternidad (tan romantizada un día al año) es motivo de burlas y juicios si se ejerce sin una pareja.

La supuesta libertad a la que accedimos o más bien a la que (al parecer) nos permiten acceder, tiene un precio alto, el mismo que ha tenido por incontables generaciones: el escrutinio.

La ironía radica en que ahora, los juicios no sólo vienen de varones, sino también de mujeres que “supuestamente” son feministas(🤦🏽‍♀️) esas que a la primera provocación, atacan, insultan, juzgan  a otras si no ejercen su femenina libertad bajo ciertos parámetros o estándares.

El papel de las madres en México sigue siendo toral en la réplica de ciertos parámetros, todavía hoy (pleno siglo XXI) existe la idea de criar a las hijas de forma distinta que a los hijos, los varones desde el núcleo familiar aprenden a vivir sin pensar en el que dirán (porque los hombres, son hombres y punto) mientras que las mujeres aprenden a cuidar todo el tiempo, su forma de expresarse, de vestir, de actuar, e incluso, se les enseña a diferenciar qué es ser una “niña bien” esa que reúne todas las características para el día de mañana, ser “valorada” y “anhelada” por un tipo para convertirla en su esposa y (como el ciclo no termina) madre de sus hijos.

Dejemos de engañarnos, la equidad de género sigue (seguirá) siendo un anhelo (una fantasía más bien) mientras haya mujeres que sigan pensando que tenemos un valor distinto si hacemos o dejamos de hacer ciertas cosas, si hablamos o callamos, si somos o no, madres, todas tenemos la intrínseca libertad de ejercer nuestra feminidad como mejor nos funcione, sin preocuparnos por lo que otros puedan opinar, asumiendo responsablemente nuestras decisiones y mientras esto no exista, lo único a lo que pueden aspirar es a ser celebradas por reproducirse…al menos, un día al año.

Transitando

Ir por la vida buscando que lo que nos duele o no nos agrada termine de tajo o desaparezca, es a mi parecer, la búsqueda inalcanzable de la mayoría…hemos crecido con la idea de que si algo nos duele, debemos buscar la forma de erradicarlo, desaparecerlo y con ello dejaremos de tener una sensación desagradable.

Lo cierto es que aunque pareciera una buena (y lógica) idea, nada está más alejado de la realidad. Cada vez que negamos sentir tristeza o dolor (porque bueno, a nadie le gusta sufrir a menos que tengas una patología psicológica específica) ese sentimiento se complica y se vuelve más fuerte. 

Es similar al principio lógico matemático de la doble negación; siempre vamos a encontrar un positivo o en este caso, un sentimiento existente por más que insistamos en negarlo.

Si bien es cierto esa reacción en muchos, es casi un hábito, una costumbre que aprendimos o replicamos de los ejemplos más cercanos con los que crecimos, también es cierto que es posible desarraigarlo si buscamos (y encontramos) la asesoría o el acompañamiento necesarios y al final podemos entender (o más bien, aprender) que lo único que podemos hacer con (y ante) el dolor, es transitarlo…con la certeza de que si, así como nuestras heridas físicas al pasar por el proceso de regeneración, duelen (a veces) mucho más que la propia herida, al final, sólo quedará una cicatriz que no lastima, sino que nos demuestra que pudimos crecer a través del dolor, e incluso, a pesar de éste. 

No es indiferencia, es claridad

Si no te caigo bien, es tu elección 
Si no te gusto, es tu elección
Si no me quieres, es tu elección 

Nada de eso tiene que ver conmigo, ninguna de esas elecciones modifica el hecho de que yo me caigo muy bien, me gusto un chingo y me quiero más.

Probablemente si tengo algún interés en ti, me resulte desafortunado no encontrar correspondencia pero pasará después de un par de días y al tercero, soltaré esa sensación porque al final, no me funciona para nada mantenerla.
No, no es indiferencia…es mi absoluta claridad 

La grandeza de lo simple

Algunos días más que otros, me llama la atención lo poco que valoramos las cosas sencillas, simples. Como si al tenerlas todos los días simplemente pasaran a un punto ciego, a la lista de las cosas que damos por sentado.

Si bien es cierto los gestos grandilocuentes, los momentos que tienen bombo y platillo son la constante búsqueda (de la mayoría) no es menos cierto que si aprendiéramos a ver la grandeza de lo sencillo, todos los días encontraríamos una forma (menor o mayor) de sorprendernos por lo afortunados que somos.

Si, ya sé, la realidad (al menos, la macro) últimamente no es amable, vaya, ni siquiera es agradable pero no debería ser impedimento para que cada pequeña realidad (la personal) pueda ser extraordinaria.

No, no estoy diciendo que lo veamos todo color de rosa, tampoco estoy planteando un optimismo tóxico…lo que estoy diciendo es que si ponemos atención, las cosas sencillas (o cotidianas) como tener un lugar donde dormir, una forma de trasladarnos privada, un trabajo, gente con la cual compartimos amor (en todas sus formas, no sólo romántica) la libertad de elegir y tomar decisiones, la posibilidad de aprender cosas nuevas…en fin, todo eso que llamamos nuestra vida, nuestro día a día, está lleno de cosas sencillas pero que irónicamente son lo que dan todo el sentido a estar vivo…son la grandeza de lo simple.

El precio de sobrevivir

Desde hace unos meses noté que hay algo roto en mí en cuestión de empatía hacia una circunstancia particular...pero tal vez sea mejor poner el contexto.

La mente es poderosa, nos ayuda a lidiar con situaciones brutales para no rompernos a niveles tan profundos que sean irreparables...hoy, doy gracias por ello pues la agresión sexual que tuve que enfrentar fue enterrada (en su mayoría) por ese medio de defensa que se activa cuando nos vemos en peligro, amenazados o agredidos.

Recuerdo que era noche, llovía, olía un poco a alcohol el taxi que tomé pero no le di demasiada importancia pues acababa de salir de trabajar y era más el cansancio que la precaución (primer error) cuando noté que pasaba de largo del lugar en que me estaba esperando mi hermano (el metro cercano a la casa de mis papás) un escalofrío me recorrió y supe que estaba en peligro.

El tipo dijo que mientras hiciera lo que él quería, regresaría a salvo...dejé de estarlo cuando me subí a ese taxi.

No recuerdo (ni quiero recordar) los detalles...sólo sé que fue bastante tiempo (o tal vez no, pero así me pareció) tuve nauseas durante toda la agresión, quería perder el sentido pero estaba más alerta que nunca, cuando terminó, vi a través del cristal empañado que estaba muy cerca de la casa de mis padres y como si despertara de una pesadilla, noté una herramienta (tubo, martillo ¿?) no lo sé, no lo recuerdo a ciencia cierta pero estaba ahí, entre mi ropa hecha pedazos y el asiento.

Me tomó medio segundo decidir hacer algo contra el tipo que me había agredido quitándome toda la seguridad que algún día podría tener, lo hice y acto seguido una explosión y sangre cayendo sobre la mochila que horas antes llevaba y parte de mi ropa...bajé corriendo sin voltear una sola vez...al doblar la esquina, una pareja (de ángeles porque no pueden tener otro nombre) me detuvieron preguntando qué me había pasado, seguía lloviendo y era evidente mi estado...no recuerdo cómo pude decirles donde vivía, me acompañaron a casa...estaba a salvo otra vez.

Desafortunadamente, sobrevivir a eso tuvo un precio; perder mi empatía hacia las personas que han enfrentado la misma circunstancia y que optan hablar de ello desde la victimización por el simple hecho de que podemos elegir no ser víctimas, defendernos y cobrar la afrenta.

Yo no soy especial por lo que hice, es nuestro instinto básico; sobrevivir, defendernos...ese día alguien tomó algo de mí sin mi consentimiento, convertirme en víctima sería entregarle, voluntariamente, mi fuerza para defenderme y eso, jamás se lo daré a nadie.

Desconozco si mis actos le quitaron la vida a ese tipo o sólo lo herí...en cualquier caso, no me arrepiento, lo volvería a hacer....todas las veces que sea necesario defenderme.

Tanto por decir

De vez en cuando, pasa que ha pasado tanto, que no hay forma de ponerlo en letras…el contexto últimamente es demasiado, simplemente demasiado.
¿Qué es más importante?

¿Lo macro? La guerra, la pandemia que no termina del todo, la destrucción gradual pero cada vez más brutal de nuestro país.

¿Lo cercano? El aniversario luctuoso que se acerca en mi familia, los pendientes que aún debemos atender derivado de ello, las necesidades de contacto que a algunos no han podido llenar.

¿Lo privado? El final de mi terapia, el inicio del camino que quiero para el resto de mi vida, mi necesidad de aprendizaje que poco a poco he ido atendiendo.

Todo parece importante, grave, triste, alegre, esperanzador, atemorizante…todo a la vez, demasiado para poder escribir de una sola cosa.

Un tema parecería poco, hablar de lo privado pareciera egoísta, hablar de lo macro podría ser deprimente…es simplemente tanto que no encuentro cómo empezar.

Me rehuso a sentarme ante la hoja en blanco que en esta ocasión pareciera pequeña e insuficiente y a la vez, abrumadora, inquisitiva…no, no voy a escribir hasta que no pueda acomodar TODO en la importancia que tiene…o hasta que sienta que me ahoga la necesidad de expresarme…lo que pase primero.

Claridad

Una palabra puede significar tanto, todo, cuando la aplicas desde un profundo entendimiento…claridad, se dice fácil pero es de la cosas más difíciles de obtener, tener y ejercer en la vida.

Cuando tenemos claridad con nosotros, con lo que queremos, lo que no, lo que sentimos y sobre todo, desde dónde nos movemos en la vida, la claridad se convierte en un súper poder que te acompaña en lo bonito, lo feliz, pero que cuando te acompaña en lo triste, en las rupturas, las dificultades, simplemente te cambia la perspectiva y ¿por qué no? La vida.

Hace algunos años, que no conocía ni ejercía la claridad, las complicaciones cotidianas eran un verdadero desastre (y drama) no saber dónde acomodar mi frustración o tristeza me llevaba a sentirlo todo de forma desbordada, con graves consecuencias en mi contexto y para mi gente cercana.

Ahora, después de algunos años aprendiendo (pero sobre todo) practicando la claridad, puedo afrontar de otra forma y desde otro lugar, las cosas que no salen como me gustaría o que simplemente no se dan…los finales son la muestra más fehaciente…si, me siguen doliendo (y mucho) sólo que ahora lo atiendo (casi podría decir que lo disfruto) acepto que si algo me produce tristeza voy a llorar y lloro, porque es lo congruente, lo que corresponde. Y no estoy diciendo que haya “romantizado” la tristeza o las pérdidas, más bien, he aprendido a acomodarlas, a verlas como lo que son y a vivirlas de la misma forma, durante el tiempo que me funcione para asimilarlas y continuar.

Al final, a pesar de todo y todos los que pueda perder, mi claridad me acompaña, yo estoy conmigo y eso es lo que me hace súper poderosa.

Morirse de amor ¿?

Todos, absolutamente todos, hemos pasado por esa etapa en la que creemos y peor aún, sentimos morir de amor. Generalmente conocemos esa sensación en nuestros años mozos (adolescentes o jóvenes pues) aunque no dudo que haya muchos que tuvieron esa experiencia ya entrados en años, a fin de cuentas, el amor no tiene edad.

Lo curioso (de lejos, porque en el momento, es todo, menos curioso) es lo fuerte que puede ser esa creencia (o sentimiento) que plantea que realmente uno se muere sin la persona que decimos amar.

Afortunadamente, nada está más alejado de la realidad. Si, uno siente morir, llora, patalea, grita y maldice (si es que pueden) el momento en que conocieron al susodich@ o en su caso, el momento en que supieron que no eran correspondidos. Se pasa (como todo duelo) por diferentes etapas (alguna más larga y dolorosa que otra) pero al final, el tiempo hace lo suyo y como toda herida, llega la cicatrización. Caemos en cuenta que no, no morimos, que el otr@ siguió su vida y nosotros también a pesar de la ausencia de quien en su momento, amamos hasta la locura.

Sin embargo, lo poderoso de ese sentimiento, radica en lo que provoca, lo que crea, y no me refiero a las reacciones viscerales que cualquiera podría tener ante una desilusión amorosa, sino a la música, los poemas, cuentos, novelas, pinturas, composiciones, todas las expresiones artísticas que han estado inspiradas en y contra el amor (porque también hay de esas) el legado que deja a su paso la pérdida de un amor, visto objetivamente, vale toda la pena, todas las lágrimas, toda la tristeza, porque aunque parezca que uno se muere, ni se muere, ni deja de amar, sólo aprendemos, evolucionamos, creamos algo nuevo a partir de lo que sentimos o dejamos de sentir y ESA es la verdadera magia del amor.

Esos lugares feos

Desde que empecé a ejercer, hace ya, 17 años, tuve claro que lo mío era la búsqueda del equilibrio entre la patronal y el trabajador y con los diversos (y muy malos) ejemplos que conocí de trabajadores, me decanté por la patronal.

Ello me ha llevado a ser abogada de empresa en el 95% de mis trabajos, a veces, en el área jurídica (sobre todo en dependencias de gobierno) y otras, en relaciones labores.

Esa última área, siempre lleva aparejada la aplicación de rescisiones o bajas (despidos pues, para que me entiendan) y con las bajas, mi movilidad a donde sea necesario para aplicarlas.
De las más memorables por lo horrible del lugar: una agencia automotriz en Tultitlán, dejen lo lejos que estaba de las oficinas centrales, el trayecto fue en un camión guajolotero conducido por un pseudo varón  que más parecía recluso que chofer.

Otra, en Cuajimalpa (el lado cero nice cercano a Santa Fe) la agencia estaba justo a la orilla de un camino (cuasi carretera) que medio habían pavimentado y por el que pasaban microbuses destartalados a toda velocidad y sin ninguna medida de precaución.

Una más, en un plaza cerca de lo que se conoce como Bordo de Xochiaca (Nezahualodo) a la que llegamos  (mi entonces jefe y yo) después de dos horas de trayecto en transporte público de dudosa procedencia.

Todo eso, antes de tener a Adu era bastante complicado, ahora que lo tengo, sigue siendo complicado por los índices de inseguridad pero al menos, es más cómodo venir en mi coche que estar expuesta a choferes que casi siempre son ex convictos o andan bajo la influencia de una droga.

A pesar de todas esas travesías, tuve grandes maestros y aunque suene horrible (lo es) he aprendido el arte de la negociación al grado de tener un porcentaje de éxito casi absoluto.

Digo casi porque evidentemente, nadie es infalible (mucho menos yo) y hay gente que decide terminar en batalla (o sea, demandando) es ahí cuando me toca visitar las juntas locales, foráneas o los tribunales y otra travesía comienza, ahora hacia las localidades en las que se encuentran las autoridades que si bien, siempre tratan de tener edificios medio cuidados, no son suficientes para tapar lo feo del contexto que los rodea porque seamos sinceros, hay lugares, como el Edomex que es bien pinche feo.

Nada pasa

Si hoy mueres, no pasa nada…más allá de que la gente con un vínculo cercano a ti, esté triste por algún tiempo, tu trabajo se desajuste (muy) temporalmente mientras llega un reemplazo y existan complicaciones jurídicas si no tienes tus asuntos en orden, realmente no pasa nada.

Al día siguiente de tu muerte, el sol saldrá de nuevo, la tierra seguirá girando sin que haya algo sustancial que modifique el continuo del espacio-tiempo.

Quienes te hayan amado también dejarán de sufrir con tu partida (en menor o mayor tiempo dependiendo la profundidad del vínculo) y un buen día si hiciste bien las cosas en este plano, algunos te recordarán y otros simplemente seguirán su camino sin ocupar algún pensamiento en ti.

Cuando los que te amaron mueran, nadie te recordará, a menos claro, que hayas sido excepcional y tu vida trascienda generaciones (son pocos los casos)

Y sin poder hacer nada al respecto, tu existencia será olvidada…en ese momento, si pudiste encontrar la forma de convivir en el otro plano, estoy segura que te preguntarás si todo lo que te parecía importantísimo mientras vivías, realmente lo era…el trabajo, tener una  casa, un coche, ropa especifica, el poder adquisitivo…todo eso, cuando seas olvidado no tendrá la menor importancia, es más, cuando mueras, a nadie le va a importar de qué tamaño era tu closet, tu casa o tu cartera.

Nada de lo que buscamos obtener durante la vida tiene ninguna importancia pues no permanece…si tienes hijos, ellos usarán tus bienes (que como tú, son finitos) pero no trascenderán más allá de ser útiles para una generación.

Lo que si podría trascender es lo que haces por otros, sin esperar nada a cambio o por comprar espacio en el “cielo”, la ayudas que das cuando te la piden, la amabilidad que muestras a otros, el tiempo que entregas para alguien que necesita ser escuchado y sobre todo,  lo que haces por ti y para ti desde un claro y profundo amor propio.

Si en esta vuelta logras mejorar para ti y dar lo mejor para los otros (no sólo para los tuyos, porque eso es hasta lógico) tal vez si tenga algún sentido que hayas salido del éter…de otra forma, tu existencia puede terminar como un divino desperdicio. 


¿A dónde con tanta prisa?

Viviendo en una de las más grandes ciudades que existen, de las más sobre pobladas y caóticas no hay forma de evitar quejarse del tráfico (bueno, si hay, pero es súper difícil) pero últimamente me asalta una duda mientras manejo ¿a dónde van con tanta prisa? 🤔 
Ya sé que muchos vamos a trabajar, a la escuela a dejar a los hijos, etc, todo eso puede o no tener horario sin embargo ¿realmente vale la pena TANTA prisa? 
¿En serio creen que a donde se dirigen es tan importante que arriesgan la vida? O será que no saben a dónde van pero lo importante es dejar el lugar de origen? 
Supongo que cada quien tiene una respuesta distinta desde su propio contexto, yo ya decidí que la vida es tan efímera que no vale la pena estar corriendo más en ella, si tengo que estar en un horario determinado, tomo tooodas las precauciones para ir con la mayor tranquilidad…tan poca la vida que queda como para perderla en eso que nunca controlaremos…el tráfico  y la (casi absoluta) falta de pericia y educación de quienes manejan en la Cdmx.

El engaño fue para ti

La razón más común en la ruptura de las relaciones de pareja suele ser la infidelidad (aplica sólo para relaciones cerradas). Todos conocemos a alguien a quien “le ha puesto el cuerno” como vulgarmente se dice e incluso, pocos son los que no hemos experimentado ser los engañados.
Últimamente la infidelidad se ha convertido en un chiste (¿?) recurrente en memes llegando casi, al cliché de las relaciones amorosas.
Lo más preocupante de esto no es la facilidad con la que se normaliza que se tengan varias parejas al mismo tiempo (sin consentimiento de la primigenia) sino que se crea que esta situación siempre responde a una afrenta hacia los engañados. Nada más alejado de la realidad.
Quien (nos) engaña no lo hace porque quiera (conscientemente) lastimarnos o porque reaccione a una conducta nuestra, lo hace porque no conoce otra forma de relacionarse y eso tiene más  que ver con esa persona, sus deficiencias, issues, cicatrices y demás bagaje emocional que con la otra persona.
No estoy diciendo que sea algo agradable cuando pasa pero tal vez, si ponemos la responsabilidad de ese acto en quién corresponde, podamos perdonar a la gente por la poca capacidad de relacionarse  y no porque nos hizo un mal intencional.

Lo que hay por celebrar

Si alguien me preguntara cuándo fue la última vez que celebré mi vida, podría decir con certeza que no lo recuerdo.
A muy temprana edad aprendí que mi existencia, si bien deseada, no era del todo motivo de celebración pues eran más importantes las responsabilidades y el cumplimiento de las obligaciones que me correspondían (que todavía me corresponden) así que me acostumbré a no celebrarme de ninguna forma. Después, por muchos años cargué con un dolor tan brutal y tan secreto que ya ni siquiera pensaba en algo que no fuera sobrevivir…incluso mi boda, que fue uno de los momentos más felices de mi vida, fue sumamente sencilla (ahora sé que subconscientemente no creía merecer ser feliz y mucho menos, festejarme)
Hoy, después de algunos años en terapia y de todo el trabajo que eso conlleva (que es un CHINGO) celebro haber sobrevivido pero sobre todo, festejo todos los días que aprendí a vivir a pesar de todas las pérdidas (la de Maya como la más profunda y dolorosa) y que en el camino no me perdí por completo.
Quisiera decir que ha sido un proceso individual pero sería un planteamiento inexacto, he estado acompañada de gente maravillosa (mi terapeuta es una de ellas) el amor de mi vida que se convirtió en familia, conocidos que se transformaron en amigos, amigos que ahora son cómplices y refugio, todos ellos han puesto luz y brillo a esta nueva vida en la que he construido una versión completa y llena de amor propio…por supuesto que ahora celebro, por supuesto que celebraré mi cumpleaños, mi existencia, todos los días que me resten en este plano por el simple hecho de que logré seguir viva, a pesar de todo lo que estuvo en contra.

Para toda la vida

Si algo he aprendido últimamente, es lo restrictivos que pueden ser los absolutos. El siempre, los nunca, quitan más oportunidades de las que aportan, incluso acortan el espacio para cambiar de opinión, evolucionar, crecer.
Sin embargo, estoy convencida que si podemos querer para toda la vida…los afectos son, al menos para mí, algo permanente a pesar de lo cambiantes que pueden ser.
No, no es una contradicción, me explico.
El amor (de pareja, entre amigos, con familia) cuando es real, nunca deja de existir, no muere, sólo cambia igual que nosotros  cambiamos con las circunstancias que  enfrentamos día a día.
nuestros vínculos afectivos  se modifican  conforme vamos creciendo o aprendiendo, pero si el sentimiento es puro, permanece.
Si bien  es cierto, no toda la gente con la que creamos un vínculo está destinada a permanecer, si hay a quienes no soltamos a pesar de los cambios, del tiempo o incluso de las rupturas…esa gente, es para toda la vida y si al día de hoy ya tienen al menos, a una, ya ganaron.

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 Casi 2 años desde la última entrada en este (intento de) blog...mucho ha pasado que quisiera escribir, otro tanto, no quisiera plasmarlo pa...