Recipiente de todo eso que (casi) no digo, algunas creaciones y muchas distracciones. Lean bajo su propio riesgo.
Tanto por decir
Claridad
Morirse de amor ¿?
Esos lugares feos
Nada pasa
Si hoy mueres, no pasa nada…más allá de que la gente con un vínculo cercano a ti, esté triste por algún tiempo, tu trabajo se desajuste (muy) temporalmente mientras llega un reemplazo y existan complicaciones jurídicas si no tienes tus asuntos en orden, realmente no pasa nada.
Al día siguiente de tu muerte, el sol saldrá de nuevo, la tierra seguirá girando sin que haya algo sustancial que modifique el continuo del espacio-tiempo.
Quienes te hayan amado también dejarán de sufrir con tu partida (en menor o mayor tiempo dependiendo la profundidad del vínculo) y un buen día si hiciste bien las cosas en este plano, algunos te recordarán y otros simplemente seguirán su camino sin ocupar algún pensamiento en ti.
Cuando los que te amaron mueran, nadie te recordará, a menos claro, que hayas sido excepcional y tu vida trascienda generaciones (son pocos los casos)
Y sin poder hacer nada al respecto, tu existencia será olvidada…en ese momento, si pudiste encontrar la forma de convivir en el otro plano, estoy segura que te preguntarás si todo lo que te parecía importantísimo mientras vivías, realmente lo era…el trabajo, tener una casa, un coche, ropa especifica, el poder adquisitivo…todo eso, cuando seas olvidado no tendrá la menor importancia, es más, cuando mueras, a nadie le va a importar de qué tamaño era tu closet, tu casa o tu cartera.
Nada de lo que buscamos obtener durante la vida tiene ninguna importancia pues no permanece…si tienes hijos, ellos usarán tus bienes (que como tú, son finitos) pero no trascenderán más allá de ser útiles para una generación.
Lo que si podría trascender es lo que haces por otros, sin esperar nada a cambio o por comprar espacio en el “cielo”, la ayudas que das cuando te la piden, la amabilidad que muestras a otros, el tiempo que entregas para alguien que necesita ser escuchado y sobre todo, lo que haces por ti y para ti desde un claro y profundo amor propio.
Si en esta vuelta logras mejorar para ti y dar lo mejor para los otros (no sólo para los tuyos, porque eso es hasta lógico) tal vez si tenga algún sentido que hayas salido del éter…de otra forma, tu existencia puede terminar como un divino desperdicio.
¿A dónde con tanta prisa?
El engaño fue para ti
Lo que hay por celebrar
Para toda la vida
De lágrima fácil
Te acepto como eres, aunque no seas conmigo
La absoluta verdad ¿?
En términos estrictos se dice que somos honestos o no lo somos. No hay puntos medios…difiero.
La honestidad como todas las características humanas no deberían estar sujetas al blanco y negro. Pensar que podemos actuar en extremos o absolutos, me parece más enfermo que natural.
¿Se imaginan que sólo existiera una forma de ser honestos y que esta fuera completa?
¿Podríamos siquiera vivir en sociedad, si en todas nuestras interacciones fuéramos absolutamente honestos? Ciertamente no.
Entrar a la oficina diciendo que llegas tarde porque te quedaste dormido y no por el tránsito (al que siempre culpamos en Cdmx) suena más a cinismo que a sinceridad.
Aceptemos que hemos aprendido a vivir en el clarosucuro de la verdad, nos da cierta comodidad saber que no todo lo que decimos a los demás es absolutamente cierto y si tuviéramos menos ego en nosotros, también encontraríamos alivio en aceptar que no todo lo que nos dicen (por dulce o amargo que suene) es verdad.
El problema se da, para muchos, cuando se percatan que esa misma flexibilidad la aplican los demás y entonces se vuelcan en profunda indignación.
La reciprocidad que tanto anhelan los seres humanos es aceptada siempre y cuando sea conveniente, agradable, acomodaticia. Quiéreme como yo te quiero, acéptame como yo te acepto, cuídame como yo te cuido. Pero no me digas medias verdades como yo te las digo porque entonces, me estás mintiendo.
Siendo brutalmente honesta, la única persona que debería aguantar, tolerar y aceptar tu absoluta verdad, eres tú.
El inicio del final
Empezar algo siempre me toma tiempo (para decidirme) y mucha voluntad para lidiar con el sentimiento agridulce que me genera.
Todo inicio lleva a un fin...y viceversa.
Plasmar lo que pienso en letras no es algo nuevo, puedo asegurar que aprendí a escribir antes que a hablar...incluso llegué a pensar (con la lógica de una niña de 4 años) que era optativa la comunicación verbal.
Hablarle a la hoja en blanco siempre me ha parecido cómodo, seguro; no existen cuestionamientos o discrepancias (salvo los que insista hacer mi subconsciente) no tengo que cuidar mi tono, mis palabras o mis intenciones y mucho menos debo preocuparme por la interpretación de un interlocutor...o al menos, eso pasaba cuando este hábito era privado, casi escondido.
Publicar lo que escribo son para mí, palabras mayores, enormes y aun no decido si el que lo esté haciendo tiene que ver con una seguridad absoluta o con un abrumador desinterés con lo que puedan pensar los posibles lectores; podrían ser ambas.
O tal vez, una tercera: después de todo lo que ha pasado en mi vida, la posibilidad de que nadie me lea o si lo hacen, me critiquen, me juzguen, me ridiculicen (porque a esas hemos llegado) no me genera ni un ápice de preocupación...me preocupa más, perpetuar el (mal) hábito de no hacer algo que realmente quiero hacer.
SEHS
Aquí, nadie hace nada
El domingo pasado reporté una complicación de tránsito a través de mi cuenta de Twitter (no insistan, jamás le voy a decir de otra forma a ...
-
El domingo pasado reporté una complicación de tránsito a través de mi cuenta de Twitter (no insistan, jamás le voy a decir de otra forma a ...
-
A pesar de vivir en pleno siglo XXI cada vez más, noto la ironía en la supuesta evolución social. Esta idea de que nos encontramos disfruta...