Tanto por decir

De vez en cuando, pasa que ha pasado tanto, que no hay forma de ponerlo en letras…el contexto últimamente es demasiado, simplemente demasiado.
¿Qué es más importante?

¿Lo macro? La guerra, la pandemia que no termina del todo, la destrucción gradual pero cada vez más brutal de nuestro país.

¿Lo cercano? El aniversario luctuoso que se acerca en mi familia, los pendientes que aún debemos atender derivado de ello, las necesidades de contacto que a algunos no han podido llenar.

¿Lo privado? El final de mi terapia, el inicio del camino que quiero para el resto de mi vida, mi necesidad de aprendizaje que poco a poco he ido atendiendo.

Todo parece importante, grave, triste, alegre, esperanzador, atemorizante…todo a la vez, demasiado para poder escribir de una sola cosa.

Un tema parecería poco, hablar de lo privado pareciera egoísta, hablar de lo macro podría ser deprimente…es simplemente tanto que no encuentro cómo empezar.

Me rehuso a sentarme ante la hoja en blanco que en esta ocasión pareciera pequeña e insuficiente y a la vez, abrumadora, inquisitiva…no, no voy a escribir hasta que no pueda acomodar TODO en la importancia que tiene…o hasta que sienta que me ahoga la necesidad de expresarme…lo que pase primero.

Claridad

Una palabra puede significar tanto, todo, cuando la aplicas desde un profundo entendimiento…claridad, se dice fácil pero es de la cosas más difíciles de obtener, tener y ejercer en la vida.

Cuando tenemos claridad con nosotros, con lo que queremos, lo que no, lo que sentimos y sobre todo, desde dónde nos movemos en la vida, la claridad se convierte en un súper poder que te acompaña en lo bonito, lo feliz, pero que cuando te acompaña en lo triste, en las rupturas, las dificultades, simplemente te cambia la perspectiva y ¿por qué no? La vida.

Hace algunos años, que no conocía ni ejercía la claridad, las complicaciones cotidianas eran un verdadero desastre (y drama) no saber dónde acomodar mi frustración o tristeza me llevaba a sentirlo todo de forma desbordada, con graves consecuencias en mi contexto y para mi gente cercana.

Ahora, después de algunos años aprendiendo (pero sobre todo) practicando la claridad, puedo afrontar de otra forma y desde otro lugar, las cosas que no salen como me gustaría o que simplemente no se dan…los finales son la muestra más fehaciente…si, me siguen doliendo (y mucho) sólo que ahora lo atiendo (casi podría decir que lo disfruto) acepto que si algo me produce tristeza voy a llorar y lloro, porque es lo congruente, lo que corresponde. Y no estoy diciendo que haya “romantizado” la tristeza o las pérdidas, más bien, he aprendido a acomodarlas, a verlas como lo que son y a vivirlas de la misma forma, durante el tiempo que me funcione para asimilarlas y continuar.

Al final, a pesar de todo y todos los que pueda perder, mi claridad me acompaña, yo estoy conmigo y eso es lo que me hace súper poderosa.

Morirse de amor ¿?

Todos, absolutamente todos, hemos pasado por esa etapa en la que creemos y peor aún, sentimos morir de amor. Generalmente conocemos esa sensación en nuestros años mozos (adolescentes o jóvenes pues) aunque no dudo que haya muchos que tuvieron esa experiencia ya entrados en años, a fin de cuentas, el amor no tiene edad.

Lo curioso (de lejos, porque en el momento, es todo, menos curioso) es lo fuerte que puede ser esa creencia (o sentimiento) que plantea que realmente uno se muere sin la persona que decimos amar.

Afortunadamente, nada está más alejado de la realidad. Si, uno siente morir, llora, patalea, grita y maldice (si es que pueden) el momento en que conocieron al susodich@ o en su caso, el momento en que supieron que no eran correspondidos. Se pasa (como todo duelo) por diferentes etapas (alguna más larga y dolorosa que otra) pero al final, el tiempo hace lo suyo y como toda herida, llega la cicatrización. Caemos en cuenta que no, no morimos, que el otr@ siguió su vida y nosotros también a pesar de la ausencia de quien en su momento, amamos hasta la locura.

Sin embargo, lo poderoso de ese sentimiento, radica en lo que provoca, lo que crea, y no me refiero a las reacciones viscerales que cualquiera podría tener ante una desilusión amorosa, sino a la música, los poemas, cuentos, novelas, pinturas, composiciones, todas las expresiones artísticas que han estado inspiradas en y contra el amor (porque también hay de esas) el legado que deja a su paso la pérdida de un amor, visto objetivamente, vale toda la pena, todas las lágrimas, toda la tristeza, porque aunque parezca que uno se muere, ni se muere, ni deja de amar, sólo aprendemos, evolucionamos, creamos algo nuevo a partir de lo que sentimos o dejamos de sentir y ESA es la verdadera magia del amor.

Esos lugares feos

Desde que empecé a ejercer, hace ya, 17 años, tuve claro que lo mío era la búsqueda del equilibrio entre la patronal y el trabajador y con los diversos (y muy malos) ejemplos que conocí de trabajadores, me decanté por la patronal.

Ello me ha llevado a ser abogada de empresa en el 95% de mis trabajos, a veces, en el área jurídica (sobre todo en dependencias de gobierno) y otras, en relaciones labores.

Esa última área, siempre lleva aparejada la aplicación de rescisiones o bajas (despidos pues, para que me entiendan) y con las bajas, mi movilidad a donde sea necesario para aplicarlas.
De las más memorables por lo horrible del lugar: una agencia automotriz en Tultitlán, dejen lo lejos que estaba de las oficinas centrales, el trayecto fue en un camión guajolotero conducido por un pseudo varón  que más parecía recluso que chofer.

Otra, en Cuajimalpa (el lado cero nice cercano a Santa Fe) la agencia estaba justo a la orilla de un camino (cuasi carretera) que medio habían pavimentado y por el que pasaban microbuses destartalados a toda velocidad y sin ninguna medida de precaución.

Una más, en un plaza cerca de lo que se conoce como Bordo de Xochiaca (Nezahualodo) a la que llegamos  (mi entonces jefe y yo) después de dos horas de trayecto en transporte público de dudosa procedencia.

Todo eso, antes de tener a Adu era bastante complicado, ahora que lo tengo, sigue siendo complicado por los índices de inseguridad pero al menos, es más cómodo venir en mi coche que estar expuesta a choferes que casi siempre son ex convictos o andan bajo la influencia de una droga.

A pesar de todas esas travesías, tuve grandes maestros y aunque suene horrible (lo es) he aprendido el arte de la negociación al grado de tener un porcentaje de éxito casi absoluto.

Digo casi porque evidentemente, nadie es infalible (mucho menos yo) y hay gente que decide terminar en batalla (o sea, demandando) es ahí cuando me toca visitar las juntas locales, foráneas o los tribunales y otra travesía comienza, ahora hacia las localidades en las que se encuentran las autoridades que si bien, siempre tratan de tener edificios medio cuidados, no son suficientes para tapar lo feo del contexto que los rodea porque seamos sinceros, hay lugares, como el Edomex que es bien pinche feo.

Nada pasa

Si hoy mueres, no pasa nada…más allá de que la gente con un vínculo cercano a ti, esté triste por algún tiempo, tu trabajo se desajuste (muy) temporalmente mientras llega un reemplazo y existan complicaciones jurídicas si no tienes tus asuntos en orden, realmente no pasa nada.

Al día siguiente de tu muerte, el sol saldrá de nuevo, la tierra seguirá girando sin que haya algo sustancial que modifique el continuo del espacio-tiempo.

Quienes te hayan amado también dejarán de sufrir con tu partida (en menor o mayor tiempo dependiendo la profundidad del vínculo) y un buen día si hiciste bien las cosas en este plano, algunos te recordarán y otros simplemente seguirán su camino sin ocupar algún pensamiento en ti.

Cuando los que te amaron mueran, nadie te recordará, a menos claro, que hayas sido excepcional y tu vida trascienda generaciones (son pocos los casos)

Y sin poder hacer nada al respecto, tu existencia será olvidada…en ese momento, si pudiste encontrar la forma de convivir en el otro plano, estoy segura que te preguntarás si todo lo que te parecía importantísimo mientras vivías, realmente lo era…el trabajo, tener una  casa, un coche, ropa especifica, el poder adquisitivo…todo eso, cuando seas olvidado no tendrá la menor importancia, es más, cuando mueras, a nadie le va a importar de qué tamaño era tu closet, tu casa o tu cartera.

Nada de lo que buscamos obtener durante la vida tiene ninguna importancia pues no permanece…si tienes hijos, ellos usarán tus bienes (que como tú, son finitos) pero no trascenderán más allá de ser útiles para una generación.

Lo que si podría trascender es lo que haces por otros, sin esperar nada a cambio o por comprar espacio en el “cielo”, la ayudas que das cuando te la piden, la amabilidad que muestras a otros, el tiempo que entregas para alguien que necesita ser escuchado y sobre todo,  lo que haces por ti y para ti desde un claro y profundo amor propio.

Si en esta vuelta logras mejorar para ti y dar lo mejor para los otros (no sólo para los tuyos, porque eso es hasta lógico) tal vez si tenga algún sentido que hayas salido del éter…de otra forma, tu existencia puede terminar como un divino desperdicio. 


¿A dónde con tanta prisa?

Viviendo en una de las más grandes ciudades que existen, de las más sobre pobladas y caóticas no hay forma de evitar quejarse del tráfico (bueno, si hay, pero es súper difícil) pero últimamente me asalta una duda mientras manejo ¿a dónde van con tanta prisa? 🤔 
Ya sé que muchos vamos a trabajar, a la escuela a dejar a los hijos, etc, todo eso puede o no tener horario sin embargo ¿realmente vale la pena TANTA prisa? 
¿En serio creen que a donde se dirigen es tan importante que arriesgan la vida? O será que no saben a dónde van pero lo importante es dejar el lugar de origen? 
Supongo que cada quien tiene una respuesta distinta desde su propio contexto, yo ya decidí que la vida es tan efímera que no vale la pena estar corriendo más en ella, si tengo que estar en un horario determinado, tomo tooodas las precauciones para ir con la mayor tranquilidad…tan poca la vida que queda como para perderla en eso que nunca controlaremos…el tráfico  y la (casi absoluta) falta de pericia y educación de quienes manejan en la Cdmx.

El engaño fue para ti

La razón más común en la ruptura de las relaciones de pareja suele ser la infidelidad (aplica sólo para relaciones cerradas). Todos conocemos a alguien a quien “le ha puesto el cuerno” como vulgarmente se dice e incluso, pocos son los que no hemos experimentado ser los engañados.
Últimamente la infidelidad se ha convertido en un chiste (¿?) recurrente en memes llegando casi, al cliché de las relaciones amorosas.
Lo más preocupante de esto no es la facilidad con la que se normaliza que se tengan varias parejas al mismo tiempo (sin consentimiento de la primigenia) sino que se crea que esta situación siempre responde a una afrenta hacia los engañados. Nada más alejado de la realidad.
Quien (nos) engaña no lo hace porque quiera (conscientemente) lastimarnos o porque reaccione a una conducta nuestra, lo hace porque no conoce otra forma de relacionarse y eso tiene más  que ver con esa persona, sus deficiencias, issues, cicatrices y demás bagaje emocional que con la otra persona.
No estoy diciendo que sea algo agradable cuando pasa pero tal vez, si ponemos la responsabilidad de ese acto en quién corresponde, podamos perdonar a la gente por la poca capacidad de relacionarse  y no porque nos hizo un mal intencional.

Lo que hay por celebrar

Si alguien me preguntara cuándo fue la última vez que celebré mi vida, podría decir con certeza que no lo recuerdo.
A muy temprana edad aprendí que mi existencia, si bien deseada, no era del todo motivo de celebración pues eran más importantes las responsabilidades y el cumplimiento de las obligaciones que me correspondían (que todavía me corresponden) así que me acostumbré a no celebrarme de ninguna forma. Después, por muchos años cargué con un dolor tan brutal y tan secreto que ya ni siquiera pensaba en algo que no fuera sobrevivir…incluso mi boda, que fue uno de los momentos más felices de mi vida, fue sumamente sencilla (ahora sé que subconscientemente no creía merecer ser feliz y mucho menos, festejarme)
Hoy, después de algunos años en terapia y de todo el trabajo que eso conlleva (que es un CHINGO) celebro haber sobrevivido pero sobre todo, festejo todos los días que aprendí a vivir a pesar de todas las pérdidas (la de Maya como la más profunda y dolorosa) y que en el camino no me perdí por completo.
Quisiera decir que ha sido un proceso individual pero sería un planteamiento inexacto, he estado acompañada de gente maravillosa (mi terapeuta es una de ellas) el amor de mi vida que se convirtió en familia, conocidos que se transformaron en amigos, amigos que ahora son cómplices y refugio, todos ellos han puesto luz y brillo a esta nueva vida en la que he construido una versión completa y llena de amor propio…por supuesto que ahora celebro, por supuesto que celebraré mi cumpleaños, mi existencia, todos los días que me resten en este plano por el simple hecho de que logré seguir viva, a pesar de todo lo que estuvo en contra.

Para toda la vida

Si algo he aprendido últimamente, es lo restrictivos que pueden ser los absolutos. El siempre, los nunca, quitan más oportunidades de las que aportan, incluso acortan el espacio para cambiar de opinión, evolucionar, crecer.
Sin embargo, estoy convencida que si podemos querer para toda la vida…los afectos son, al menos para mí, algo permanente a pesar de lo cambiantes que pueden ser.
No, no es una contradicción, me explico.
El amor (de pareja, entre amigos, con familia) cuando es real, nunca deja de existir, no muere, sólo cambia igual que nosotros  cambiamos con las circunstancias que  enfrentamos día a día.
nuestros vínculos afectivos  se modifican  conforme vamos creciendo o aprendiendo, pero si el sentimiento es puro, permanece.
Si bien  es cierto, no toda la gente con la que creamos un vínculo está destinada a permanecer, si hay a quienes no soltamos a pesar de los cambios, del tiempo o incluso de las rupturas…esa gente, es para toda la vida y si al día de hoy ya tienen al menos, a una, ya ganaron.

De lágrima fácil

¿Les pasa que andan de lágrima fácil?
La expresión se refiere a que andamos sensibles, algunas personas para minimizar la sensibilidad de otros dicen que significa que “lloras por todo.”
Hasta hace poco yo la entendía con esa última acepción. Nada más alejado de mi realidad.
Con no poca dificultad, he aceptado que soy de lágrima fácil y disfruto mucho serlo, significa que estoy en contacto con mis emociones, que las vivo y las atiendo.
Estos días he andado así, triste, conmovida, asombrada…y realmente feliz.
Si a ustedes tampoco les hace mucho sentido en primera instancia esa mezcla de emociones, créanme  que no son los únicos.
Tenemos arraigada la idea de que sólo podemos tener una emoción a la vez, o estás triste o feliz, enojado, etc. Y que alguna de esas, debe determinar (como si fuera un absoluto) nuestro estado de ánimo global.
Después de algunos años en terapia he aprendido que no, no somos blanco y negro, podemos tener diversas emociones al mismo tiempo y si las atendemos  y acomodamos donde corresponde (sobre todo, en términos de proporción) ninguna de ellas pueden quitarnos nuestra felicidad…esa que (al menos a mí) me ha costado sangre, sudor y lágrimas…porque si, ser feliz me provoca andar con la lágrima fácil.

Te acepto como eres, aunque no seas conmigo

Generalmente, cuando decimos que aceptamos a otro tal cuál es, encontramos en él (o ella) características agradables, sentimientos recíprocos, anhelos comunes.
Sin embargo, decirle a otro “te acepto como eres” cuando no se comparte alguna característica o se  nos da reciprocidad de algún sentimiento, no es pequeña cosa.
Lograrlo tiene que ver con el desapego (o al menos ahí lo estoy colocando yo) el momento justo en el que nos vinculamos a otros sin esperar que sean/actúen/sientan/vivan o piensen en forma parecida, similar, concordante a la nuestra, en ese momento, nos vinculamos libremente…lo escribo fácil, no lo es…mucho menos cuando esa libre aceptación, conlleva un, no es contigo.

La absoluta verdad ¿?

En términos estrictos se dice que somos honestos o no lo somos. No hay puntos medios…difiero.

La honestidad como todas las características humanas no deberían estar sujetas al blanco y negro. Pensar que podemos actuar en extremos o absolutos, me parece más enfermo que natural.

¿Se imaginan que sólo existiera una forma de ser honestos y que esta fuera completa? 

¿Podríamos siquiera vivir en sociedad, si en todas nuestras interacciones fuéramos absolutamente honestos? Ciertamente no.

Entrar a la oficina diciendo que llegas tarde porque te quedaste dormido y no por el tránsito (al que siempre culpamos en Cdmx) suena más a cinismo que a sinceridad.

Aceptemos que hemos aprendido a vivir en el clarosucuro de la verdad, nos da cierta comodidad saber que no todo lo que decimos a los demás es absolutamente cierto y si tuviéramos menos ego en nosotros, también encontraríamos alivio en aceptar que no todo lo que nos dicen (por dulce o amargo que suene) es verdad.

El problema se da, para muchos, cuando se percatan que esa misma flexibilidad la aplican los demás y entonces se vuelcan en profunda indignación. 

La reciprocidad que tanto anhelan los seres humanos es aceptada siempre y cuando sea conveniente, agradable, acomodaticia. Quiéreme como yo te quiero, acéptame como yo te acepto, cuídame como yo te cuido. Pero no me digas medias verdades como yo te las digo porque entonces, me estás mintiendo.

Siendo brutalmente honesta, la única persona que debería aguantar, tolerar y aceptar tu absoluta verdad, eres tú.


El inicio del final

Empezar algo siempre me toma tiempo (para decidirme) y mucha voluntad para lidiar con el sentimiento agridulce que me genera. 

Todo inicio lleva a un fin...y viceversa.

Plasmar lo que pienso en letras no es algo nuevo, puedo asegurar que aprendí a escribir antes que a hablar...incluso llegué a pensar (con la lógica de una niña de 4 años) que era optativa la comunicación verbal.

Hablarle a la hoja en blanco siempre me ha parecido cómodo, seguro; no existen cuestionamientos o discrepancias (salvo los que insista hacer mi subconsciente) no tengo que cuidar mi tono, mis palabras o mis intenciones y mucho menos debo preocuparme por la interpretación de un interlocutor...o al menos, eso pasaba cuando este hábito era privado, casi escondido.

Publicar lo que escribo son para mí, palabras mayores, enormes y aun no decido si el que lo esté haciendo tiene que ver con una seguridad absoluta o con un abrumador desinterés con lo que puedan pensar los posibles lectores; podrían ser ambas.

O tal vez, una tercera: después de todo lo que ha pasado en mi vida, la posibilidad de que  nadie me lea o si lo hacen, me critiquen, me juzguen, me ridiculicen (porque a esas hemos llegado) no me genera ni un ápice de preocupación...me preocupa más, perpetuar el (mal) hábito de no hacer algo que realmente quiero hacer.

SEHS



Aquí, nadie hace nada

 El domingo pasado reporté una complicación de tránsito a través de mi cuenta de Twitter (no insistan, jamás le voy a decir de otra forma a ...